domingo, 7 de noviembre de 2010

A llegado la hora de romper la cadena
que ató firmemente el destino,
aquel infortuito predestinado del tiempo.

Abre tu alma a la misión,
a la hermosa tarea de perdonar,
a la epopeya del amor.

Disculpa el hecho o la intención
que opaca el brillo,
y detiene el gozo.

Retiene la luz y retrasa la felicidad ,
que Dios nos otorga
al nacer libres.

Tu cuerpo ungido
en nubes de gloria y majestad,
nos muestra el camino.

Que no es otro,
que la Tierra abierta
hasta lo más profundo de su esencia.


Soy el fruto de tu amor,
creo en ti,
en tus manos,
en tu mirada,
en tu sonrisa.


En mi interior,
penetra la luz verdadera
de mi espíritu.

Permíteme el contacto
con el espíritu creador,
y su infinita sabiduría.

Con los maestros
por ti escogidos,
abre mi mente y mi corazón.


Soy el fruto de tu amor,
creo en ti,
en tus manos,
en tu mirada,
en tu sonrisa.




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